Archivado en: HistÓrias para dOrmir, MisScueNtos! | Etiquetas: Último acto y final., Colina Clementina, el libro de los amores imposibles
Al día siguiente…
se volvieron a ver.
Y al otro también.
Y el otro y el otro…
también se vieron.
Más de cien dias.
Y más de mil veces seguidas.
Y le pidió que se fuera él .
Que conociera nuevos mundos, mundos salvajes…
Otros universos, nuevas realidades…
Él , enamorado, le pidió
que dejara a Armando abandonado.
Que saltara al vacío
y dejara atrás una historia
que ya no le apetecía.
Que probara suerte con la vida,
que jugara son él a la ruleta rusa
Salta.
Salta.
Y le prometió la luna.
Y le dió miel , incienso y hiel.
Y la llamó Clementina…amada mía.
Pero Clementina no podía.No podía.No podía.
No se atrevía.
Y allí estaba ella
decidida.
Y por dentro sentía que moría.
Y se sentía cómo si le dijera que no
a Clint Eastwood en aquella película.
Y él insistía.
Y el viaje se pospuso siete días.
Clementina acudía a la cita
pero nunca decía que se iba.
Él
creyente,
esperaba paciente.
Seguro que vendrá.-
Se decía.
Pero Clementina no se decidía.
.
Un fatídico día
el cada día menos estraño
lanzó un ultimatum.
Con el dolor ya no podía
y fríamente
le propuso a Clementina
la extrema opción.
Es la única solución!
A mediodía en la estación!
A Clementina el mundo le hizo BOOUMB!
Y sintió que rebotaba.
Que todo la golpeaba.
Y dolía.
Y no podía.
.
Maldita Clementina.¿Para qué la lías?
Tensión.Intriga.Dolor de barriga…
.
Y Clementina se quedó.
Y el extrañó se marchó.
Con su jersey rojo de cuello alto,
aunque hiciera mucho calor.
Enfurecido se marchó.
Sin dejar nota de amor.
No hubo despedida.
Dolido .Mudo .
y Sin decir adiós.
No hubo beso, ni canción.
Parecía insensible al dolor.
Se fue rápido y fue cruel.
Poco antes de partir el tren
Clementina sintió
un gran dolor en el corazón.
No sabía qué hacer.
Cogió una bolsa
con todas sus cosas.
Arrepentida corrió
pero el tren se marchó.
Clementina gritó su nombre.
Fuerte tan fuerte que se le rompió la voz.
Y las notas de su aullar se extinguieron de tanto chillar.
Sólo murmullos incomprensibles salían de su boca.
Estupideces.Sandeces. Delirios de una loca.
Clementina buscó un buen lugar y se sentó a esperar.
Seguro que vendrá!-me habrá oído…¿verdad?
Pero no volvió
y el tiempo pasó.
Clementina dolida, no comía, no dormía.
Apenas se lavaba , así de mal olía.
Suerte que Armando le llevaba comida,
le peinaba el pelo y le hablaba de la lavandería.
.
Clementina Cambió de luna.
Y las cosas que no pudo decir
se descomponían en su interior.
Las entrañas le dolían.
Y se le pudrió el corazón.
No le supuraban bien la heridas.
Pero las cosas que no pudo decir salían.
Llagas en la piel.
Piel mortecina.
.
Con las pocas fuerzas que tenía
escribió una larga carta
que dobló con atención.
Y la guardó
en el bolsillo trasero de su pantalón
.
Clementina no paraba de llorar
y
un río a sus pies se derramaba.
.
El tiempo pasó
el pelo se le pintó de blanco
fina piel se cubrió de heridas
malcuradas
infectadas.
Adelgazó tanto que parecía otra persona.
La gente la creía una loca .
Se arrugó.
Disecada cómo estaba por dentro
se secó por fuera.
Y Clementina
cómo drogada
lloraba desconsolada
Desangrada . Desesperada
Para que él la oyera y volviera.
Pero no volvió.
Y el tiempo pasó.
Clementina sintió
cómo se acaba la vida.
Pero la vida no acabó.
Y Clementina enraizó.
Y Armando se marchó.
.
El saco de Clementina se llenó de dolor.
Las palabras de amor se cubrieron de moho.
Toda explicación se pudrió.
Y el barro se incrustó.
El paso del tiempo en Clementina se posó y la cubrió.
Y el sedimento se convirtió en caparazón.
Y la tierra engulló a Clementina.
que arraigada aún latía.
Despacio.Mortecina.
En su cueva escondida.
.
Y Pasaron gansos. Pasaron años.
Y Pasaron guerras. Y crecieron niños.
Pero ninguna paloma vino.
.
Árboles y espinas se posaron sobre Clementina.
Y Clementina se transformó en colina.
La niña quedó olvidada
Y la mujer se convirtió en montaña.
Apenas se oye ya su lamento.
Vive enterrada bajo el sedimento.
.
Así que ..No temas.
Cuando cruzes por Colina Clementina
acércate a sus pies y bebe de sus lágrimas
y regálale una flor
para que recuerde su voz.
Dile
que salga de su cueva,
y que suba a la cima
para que todos podamos verla.
Dile
que se marche.
Que aquel hombre ya murió.
Que ya no va a volver.
Que todo terminó.
.
Y no temas.
No te asustes.
Lo que oyes al pasar
es a Clementina llorar.
.
.
.
FIN
.
.
.